La primera campaña de marketing del que me acuerdo con cierto detalle era para la época de San Nicolas - es la fiesta de aquel santo Español que según la leyenda viajaba a Holanda en un barco cargado de regalos para os niños…imagina la reacción de los niños en plan reyes magos - a principios de diciembre.
El producto del que me acuerdo se llamaba “my little pony” - mi primer caballito. Era un muñequito formato Barbie de un caballito con melena de colorines. No pude superar mi espanto al ver el producto. Me resultaba vergonzoso pensar que alguién podía jugar con algo tan feo, un mero trasto de plástico que además anunciaban con un spot en la tele y una cancioncita para romper el esmalte de mis dientes de lo dulce que era aquello. Bueno, está claro, era un producto para las niñas y siendo niño tampoco me tenía que encajar, pero la ridiculez del producto chocaba tanto con el despliegue de medios de la campaña que me quedé indignado por el descaro de la manipulación consumista por parte de los fabricantes de un trozo de plástico colorado.
Hace mucho que ya no soy objetivo de las campañas de marketing de los juguetes para la fiesta de San Nicolas. Hoy en día me ofrecen otro tipo de juguetes - teléfonos móviles, PDA’s, consolas de videojuegos - un sinfin de cacharros con los que no me hace falta jugar. Y de nuevo me quedo indignado con el despliegue de medios para alterar mis gustos y mis conductas, para hacerme un necesitado del ultimo cacharro, el iPhone por ejemplo. Ya no es una campaña en la tele con una canción demasiado dulcecita, ahora son miles de entradas en blogs de gente supuestamente “guay” y “cool” que marcan la tendencia y me dicen que soy un soso por no tener el último cacharro de diseño. Es verdad que no me repugna el iPhone como me repugnaba el “my little pony“, pero si me repugna de misma manera el efecto locura por parte de personas serias que lo “tienen que tener“.
Es que realmente no me hace falta ni “my little pony” ni “mi little iPhone“. Prefiero un teléfono que simplemente funcione y gastar el dinero por lo que trabajo demasiadas horas al día en “my little césped“. ¡Pongo algo verde en mi mundo y me encanta!
Lo que me fascina de toda esta historia es que todavía no es “guay” dejar de ser consumista - está de moda ser “verde” (y no me refiero a la cerveza Holandesa), pero en el sentido de comprar un Toyota Prius. Para mí ser verde quiere decir coger la bici en vez del coche y dejar de consumir lo que consumimos para hacer ver a los marketingianos que no nos hacen falta muchos productos ni las historias, canciones y spots en la tele.
Dejar de consumir reduce el circulo vicioso de la basura que producimos y de los recursos que quitamos de manera insostenible de nuestra tierra. No sé cómo es el “carbon footprint” de un iPhone, ni tampoco el del iPhone comparado con otros teléfonos. A lo mejor no hace falta saberlo - de la misma manera que me da igual comparar el Toyota Prius con el Seat Leon en cuanto a emisiones. Hay que comparar lo que necesito con lo que no. Comparemos el Prius con la bici y no hay color…por lo menos falta el verde en el lado del coche. El problema de los coches no es que consuman más o menos - el problema es que los necesitamos.
Es un problema que se puede resolver…¿o no?
¿No nos ayudará el iPhone a trabajar desde casa?















Junio 16th, 2008 at 23:00
Curioso tema el que comentas, aunque en mi opinión bastante adelantado a nuestros tiempos actuales donde todavia el más grande, más rápido, más exclusivo sigue siendo el rey….
La nueva “conciencia social” de la que tu eres reflejo será probablemente una de las próximas grandes tendencias que los marketineros intentarán explotar…..eso si esperemos que hagan un mejor trabajo que con todo el tema ecológico, porque como sigan así lo único que van a conseguir es la “ecofatiga” de los consumidores….
Junio 20th, 2008 at 3:28
Somos nosotros los que hemos de inducir ese cambio, es nuestra generación la que tiene la facultad de hacerlo.
Como dice un anuncio reciente, hemos sido capaces de… ¿porque no seremos capaces de invertir la balanza?
Tenemos todas las herramientas necesarias a nuestro alcance y no necesitamos poder, el poder esta en nuestras manos. Una verdadera globalización vendrá cuando seamos capaces de usar globalmente nuestro poder como consumidores.
Con ello no pretendo promulgar un comportamiento “free raider” sino mas bien un comportamiento “free” en el que la aportación conjunta beneficie a cada uno de nosotros.
¿Empezamos?