Nos encanta bucear. Profundamente. Charcos y océanos. Por Josecho Vizcay.

Hace unas semanas paseaba, por la orilla del mar, con mi amigo Felipe, por una de las playas del sur de Tenerife. Veníamos comentando, desde hacía unos minutos, entre otras cosas, la importancia que tenían las relaciones humanas en nuestras vidas. Cómo había afectado esto a nuestro desarrollo como personas, y de qué manera habría influido en nuestro desempeño, la incidencia de un observador externo en nuestras acciones.

En un momento determinado me pidió que le aclarara en qué consistía mi trabajo; y aunque ya conocía y había leído mi libro, entendía, que nuestra charla le podía clarificar algo más, su desconocimiento en esta materia que es el coaching. Me gustaría destacar que Felipe fue el principal valedor para que yo presentara “El Masajista de Almas” en su amada isla. Además de ser un experto buceador con reconocimiento internacional, es uno de los principales investigadores de la fauna marina, y uno de los grandes estudiosos, sobre la recuperación de los fondos marinos de nuestras costas.

  • En realidad, tu actividad y la mía se parecen mucho- Comencé.
  • ¿Tú lo crees así?- Me preguntó atento.
  • Sin duda- le dije.- e inicié mi explicación.
  • En coaching hay tres fundamentos y premisas. Una, es la conciencia, otra, es la responsabilidad y otra, es la confianza. La primera, se refiere a la claridad sobre la situación, a ser conscientes de lo que queremos, en definitiva, al punto de partida. La segunda, se refiere a la implicación y al compromiso. Y por último, la tercera, se refiere a la superación, a ser conscientes de que nada nos va a alejar de nuestro objetivo.

Si los trasladas a tu hábitat, ¿no serían éstas las primeras preguntas que un hombre como tú, se haría antes de embarcarse en cualquier aventura submarina?

  • Es cierto -contestó Felipe sin apartar la mirada del horizonte.

Y proseguí:

  • En nuestro, caso no sólo afecta al coach, sino también afecta a nuestro coachee/cliente. Es necesario que tome conciencia sobre lo que quiere conseguir, que se implique, que no contrate a un coach pensando en que se lo va a dar todo hecho, y que tenga confianza en que lo puede lograr.

Felipe asentía.

  • Pero esto sería una pequeña parte en nuestras similitudes- continué- Hay muchas más competencias que nos unen. Por ejemplo, el control de nuestras emociones para poder ayudar a los otros en esa delicada gestión…
  • Es cierto Josecho- me interrumpió- el autocontrol es fundamental en nuestra profesión. Debemos estar tranquilos ante cualquier vicisitud que se nos presente. Trabajamos mucho eso en nuestros cursos de capacitación.
  • Lo sé Felipe. Sin autocontrol no podemos llevar a los demás a ese aprendizaje. Debemos ser los maestros con nuestro ejemplo. Y te has parado a pensar ¿qué ocurriría si te sumergieras sin analizar lo que hay a tu alrededor?
  • Estudiamos el terreno antes de cualquier inmersión. Analizamos pros y contras para que todo vaya según lo previsto.
  • Los coaches hacemos lo mismo. Por eso el análisis del contexto es una de las principales competencias que estudiamos antes de seguir con nuestro trabaj. Por cierto, ahora que hablamos de estudiar, ¿dejarías bajar contigo de compañero a alguien que no te acreditara la suficiente preparación, o una experiencia suficiente?
  • No- Fue tajante
  • Pues lo mismo ocurre con los coaches. Necesitamos de una preparación acorde y de una experiencia suficiente, para que las personas que confían en nosotros consigan sus metas. Cuando doy clase, tanto a directivos, como a coaches , les digo, insistentemente, que tenemos una profesión que nos obliga a estar siempre en forma, tanto emocionalmente, como en preparación técnica y experiencial. No podemos bajar la guardia.

Además de todas estas características que te cuento, hay cientos y cientos que nos unen. Por ejemplo el afán por descubrir. Tú debajo de la superficie del mar y yo, debajo de la superficie de la persona. La capacidad de observar, pero no como lo estamos haciendo ahora, mirando los dos al horizonte, sino con la curiosidad por bandera. Con los ojos del interés por el otro.

  • Es cierto- aclaró – Si no fuera por este afán de aventura y de descubrimiento, no podría dedicarme a esto.
  • Decía Thomas Leonard, el padre de la escuela norteamericana, y para muchos el padre del coaching, en dos de sus competencias, que el coach debe navegar vía la curiosidad, respetando y disfrutando inmensamente de su coachee.
  • Muy bueno el Leonard este. ¿No sería buceador?- comentó entre risas.
  • No lo sé. Pero seguro que le gustaba el mar porque varias de sus competencias aluden a él. Nos aprovisionó de muchísimas herramientas. Vosotros tenéis las aletas, los trajes de neopreno, las gafas, las botellas, los reguladores, etc. Nosotros, la escucha, las preguntas, la aceptación, el reto, la coherencia, la reflexión, la positividad, la perseverancia, la empatía…
  • Uff- me interrumpió Felipe- De eso sé un montón. Sin perseverancia no hay medalla. A mí me ha costado mucho llegar hasta donde estoy ahora. Y te puedo asegurar que si hubiera tenido un coach, me habría costado menos. Seguro- y se levantó despacio.

Se empezaba a hacer tarde, el sol se había ocultado ya en ese horizonte que se tornaba mucho más oscuro.

  • Josecho, me gusta esa manera que tienes de ver y plantear las cosas. Me temo que se queda mucho en el tintero, tengo mañana, al amanecer, una inmersión muy peligrosa. Yo, a veces me veo como un restaurador a quien le traen un reloj antiguo que por el paso del tiempo ha ido perdiendo todo su esplendor. Eso es el mar. Una reliquia muy valiosa. Como tú con tus coachees. Un restaurador de vidas. A partir de ahora, me voy a sentir coach en el agua. Has hecho que cambie mi punto de vista.
  • Curiosamente Felipe, eso que tú describes, es una de las principales herramientas con las que cuenta un coach. Ayudar a los otros a cambiar su manera de enfocar la vida. Se llama “cambio de observador” y es la base del coacing ontológico.
  • ¿Onto qué? Me preguntó como si hubiera visto un tiburón blanco cerca.
  • Déjalo. Eso es para otro día- Le contesté con una carcajada.
  • Para cuándo una sesión contigo?- Me preguntó.
  • Para cuando quieras y me necesites- le di un abrazo.

Felipe me dio otro y se fue caminando por la orilla hacia su casita frente al mar. Me quedé pensando en la cantidad de definiciones que acompañan al coach: entrenador, soplador de brasas, acompañador, masajista de almas… Hoy teníamos dos más. Él se definió y me definió  como restaurador de vidas, y yo creo, que somos buceadores en los mares de otros.

Le grité- Ehhhhhhh, Ehhhhhhh. Qué tengas una estupenda inmersión mañana maestro…

Se giró y desde lejos le oí gritar

  • Feliz inmersión tú, coach- y agitó los brazos dibujándome un abrazo.

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