Desayuno con Trivergentes. Marta Martinez Arellano.

Esta semana, y siguiendo con las conexiones tan especiales que forjamos en mi querida tierra navarra, hemos desayunado y disfrutado de lo lindo con Marta. Su sentido del humor y cómo lo maneja es admirable. Ella se define así, nos encanta y damos fe de que no se deja ni medio matiz en todo lo que transmiten sus palabras.

«Soy inquieta, curiosa, creativa y sinestésica, lo cual aporta un puntito peculiar a mi percepción del mundo. Me declaro todóloga, porque me interesa casi todo, y a “todo” le aplico mi filtro personal. Se me da bien leer personas y situaciones, y orientar acciones creativas provocando claridad y nuevos escenarios. Me apasiona la comunicación en todas sus facetas. Aprendo idiomas fácilmente y eso me facilita explorar culturas. Entre ellas, la cultura empresarial. Llevo décadas en mercados internacionales, acompañando empresas y emprendedores a comunicar mejor su Valor, a venderse mejor en sus mercados. Llevo décadas acompañando profesionales a comunicarse mejor consigo mismos, con sus equipos y con su mercado. En ese tiempo he descubierto que hacemos las cosas de forma diferente si lo hacemos desde una perspectiva masculina o femenina. Creo en el desarrollo de las personas como factor diferencial del desarrollo empresarial, defiendo la gestión por valores como motor de cambio, e impulso un enfoque “en femenino” que hará de nuestros entornos profesionales lugares más humanos, creativos y respetuosos consigo mismos y su ecosistema. Con todo ello, lo que leo, lo que aprendo y lo que vivo, busco poner mi experiencia y recursos creativos al servicio del bienestar y el desarrollo de los profesionales por medio de servicios de mentoría, consultoría, conferencias o formaciones.»
1. Un desayuno creativo que te despertara de verdad sería (cómo, dónde, con quién?)

¿Que me despertara de verdad seria, o que me despertara de verdad sería…?

Un desayuno que siempre me despierta seria es el desayuno de trabajo, con funcionarios o con gente seria, seria, muy “pofesioná”.

Un desayuno que siempre despierta mi creatividad, es un desayuno en un entorno cualquiera, preferiblemente con sol, en una terraza, con zumo de naranja, té, bollería, fruta y tostadas, acompañada por personas con las que me gusta hablar o cotejar opiniones. Un encuentro cercano para charlar de cosas que para los presentes tiene sentido y nos plantea un reto.

2. ¿Qué es la creatividad para ti?

Una necesidad, como respirar. Para mí, creatividad viene de crear, de explorar marcos diferentes y dar luz a lo que aún no vemos. Tengo la ventaja desventajosa -o la desventaja ventajosa, según se mire- de que me cuesta mucho dejar de ser creativa. Tiendo a pensar distinto al resto del mundo, tengo, de serie, otro marco de referencia.

3. ¿Cómo la incluyes o aplicas en tu día a día?

Con cuidado… para no resultar estridente. Tengo siempre presente que todo el mundo acepta mejor aquello que le resulta conocido o familiar y desde ahí voy compartiendo.

4. ¿Qué incluyes en tu trabajo/proyectos para que sean más creativos y por tanto que te motiven más a ti y a tu organización.

Un marco de referencia distinto. Sentido a todo lo que hago y a lo que hacemos. Alineación con valores personales a la hora de abordar cualquier cosa que nos supone un reto.

5. Si te digo “culturas despiertas..” lo primero que se te viene a la cabeza es…

Un juego de niños.

6. Retrato robot de tu líder perfecto:

No hay líder perfecto. El líder es siempre imperfecto; es su propia imperfección, que pone de forma consciente al servicio de los demás y del proyecto, lo que le hace perfecto como líder. Es capaz de reconocerse imperfecto y como un director de orquesta, aunar los talentos de todos los presentes, incluido el suyo, al servicio del proyecto.

7. Cómo es para ti el empleado perfecto:

El empleado comprometido consigo mismo que comparte los valores del proyecto, y decide comprometerse con él.

8. ¿Cómo crees que serán las organizaciones del futuro? Y tú ¿qué te ves haciendo en ellas?

Me gustaría pensar que las empresas del futuro tienen alma. Que han conseguido ser coherentes, competentes y tienen en cuenta su condición humana despertando su lado más “femenino”. Me explico.

Me gustaría pensar que las empresas del futuro se rigen por sus valores y buscan la coherencia consigo mismas, sus empleados, sus accionistas y sus mercados. Ponen en su centro los valores del respeto y el servicio y es precisamente eso lo que las hace exitosas y rentables. Son empresas que sacan lo mejor de cada persona y permiten que todos los talentos se expresen y contribuyan al éxito de la aportación especial y única del valor agregado que sirven a sus clientes.

Para mí una empresa es una entidad formada por personas. La personalidad jurídica es lo de menos. Lo más importante es que como colectivo aportamos un valor, solucionamos un problema de una forma única y especial, y nuestro cliente lo reconoce y nos paga por ello. Estar atentos a nuestro impacto, mantener un diálogo permanente entre nosotros, con nuestro cliente, nuestro entorno… Así empezaron empresas punteras como Google, y luego se perdieron en la vorágine del onanismo de su propio éxito.

El éxito económico debe ser un resultado, no un objetivo. Debe ser el resultado de hacer las cosas “bien”, juntos. “Bien” significa que respeta nuestros valores, que es coherente para nosotros, para nuestros accionistas, nuestros clientes, nuestro entorno, con todo aquello que nos va proponiendo cada día nuevos retos, y que es lo que nos hace crecer como empresa.

Creo que mi papel en ese escenario es similar al actual. Impulso a las personas a hacer-ver-sentir las cosas de forma diferente, siempre hay una invitación a ver las cosas de otro modo, con Sentido para cada cual. La invitación es ¿qué pasaría sí…? Yo trabajo con personas, les acompaño a descubrir nuevos enfoques y puntos de vista, a alcanzar mayor claridad, a mejorar la forma en la que se comunican, consigo mismos, con su equipo con su mercado, y también en su manera de aportar Valor al mercado al que sirven. Una vez un cliente me dijo que yo le había ayudado a ver con claridad el alma de su proyecto, de su equipo, y a comunicarlo a sus clientes. Me gustó.

9. ¿Crees que en las organizaciones de nuestra sociedad/sistema existe el espacio para el error? ¿Qué piensas acerca de integrarlo como una forma de crecer y avanzar?

Creo que hemos ido reduciendo el espacio para el error en la medida en la que hemos ido perdiendo de vista la condición humana de la empresa. El error no es sólo una forma de crecer y avanzar, sino un elemento ineludible de la condición humana y por ende, de la empresa. “A veces se gana y a veces se aprende” debería estar en todos los manuales de gestión.

En un momento dado, decidimos “desterrar el error” o enterrarlo bajo kilos de “procedimientos estandarizados” y, recientemente, se “posturea para que el mundo lo vea”. Pero eso en sí mismo, amén de imposible, es un craso error, lo cual cierra el ciclo.

Cuando yo empecé a trabajar, a principios de los 80, vivimos un periodo de innovación tecnológica y de proceso. Las empresas peleaban por ser cada vez más grandes e integrar todo su proceso de forma eficiente. Dentro de ese foco por la eficiencia, el error empezó a verse como una “pérdida económica”. En esa época se empezó a profesionalizar la gestión, en detrimento de los gestores vocacionales, y las empresas empezaron a perder humanidad. El error, algo tan humano, se limitaba a una línea en el procedimiento, o en la cuenta de resultados, que había que borrar.

En los 90 se puso el foco en la “calidad”. Y llegó el auge de las ISO. Creo que no se comprendió del todo su utilidad. Conseguir una ISO terminó por ser una especie de obligación, y las empresas se encorsetaron en procesos que eliminaban la creatividad en favor de la repetitividad: repetir el proceso. No había margen de error, un gurú de la ISO, ayudado por un selecto grupo de profesionales -no siempre de campo-, diseñaban un proceso “lógico” que había que seguir, repetir y consignar dónde habíamos dejado de seguirlo. A veces, incluso, el error se repetía porque formaba parte del proceso. Pero al formar parte del proceso diseñado dejaba de ser error y se consideraba “desviación”.

 Creo que de los cuatro elementos que conforman una empresa: financieros, tecnológicos, humanos, y los procesos entre ellos tres, el error impacta en todos, porque es intrínseco al factor humano, y éste está en el origen de toda empresa y de todos sus elementos.

 En la última década, sin embargo, se ha empezado a elogiar el error como fuente de aprendizaje, a nivel teórico. A nivel práctico, nos cuesta incorporarlo a las empresas, porque consideramos que sale “caro”. Y socialmente, vivimos en la era del “postureo” en la que los errores se viven en silencio (como las hemorroides) hasta que se pueden airear como éxitos o como signo de rebeldía/combatividad. Todo muy impostado.

Me gustaría recuperar la naturalidad del error.

10. Cosas buenas que nos traerá el futuro y cosas del pasado que deberíamos salvar.

Tengo la impresión de que a lo largo de décadas hemos estado obsesionados con el crecimiento, sin embargo, no hay especie en la naturaleza que crezca sin límite. La empresa, el mundo de los negocios, como creación humana, no escapa a esa condición. Es imprescindible empezar a hablar de Desarrollo y no de Crecimiento. Y el desarrollo sólo lo impulsa la conciencia, el talento humano.

El éxito del desarrollo de los humanos como especie -y no lo digo yo, lo dice mucha gente, entre otros Harari o Barrett- se basa en dos elementos: uno la posibilidad de imaginar escenarios aún no presentes, y dos, la posibilidad de colaborar con muchos individuos. Las redes y la tecnología nos ofrecen mucho de esto, y es imperativo que aprendamos a modularlo.

Con respecto a la colaboración. La competencia, en ciencia, no es la pelea descarnada o ese miedo -por el rabillo del ojo- que vivimos en el mercado, sino la madurez de la célula que le hace capaz de colaborar, de sumar todo su talento, todas sus capacidades, con otras células y así dar lugar a, crear en definitiva, nuevas realidades. Confío en que nos vayamos acercando a esa madurez, la Tierra nos lo está pidiendo a gritos.

Creo que este concepto de competencia debe estar en el centro de las empresas del futuro. Cada vez que mentorizo un proyecto, intento abrir los ojos a los promotores en este sentido: nuestra capacidad de desarrollar nuestro propio talento único y especial, se incrementa exponencialmente si somos capaces de colaborar a fondo, sin reservas y con generosidad, con otras personas creando nuevas realidades.

En segundo lugar, hay una corriente de “capitalismo humanista”, que empieza a alardear de sus éxitos. Este “capitalismo humanista” habla del hombre como centro del mundo empresarial, reconoce el carácter único del talento y la creación de sistemas coherentes entre accionistas, trabajadores, mercado… Se les ha llamado “empresas que enamoran” (Raj Sishodia) y tras varios años, pueden exhibir resultados de increíble rentabilidad exponencial a lo largo de su existencia, y muchas de ellas no dan muestras de agotamiento.

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